Antonio Domingo

En esta entrada del blog de “Crea la banda sonora de tu vida” quiero dedicar un tiempo a una parte muy importante de la educación y que por muy sorprendente que parezca, no se puede producir en el aula.

El aprendizaje de cualquier materia, incluida la música evidentemente, tiene como espacio principal la clase. Es ahí donde se produce el grueso de la formación de nuestros alumnos. Es ahí donde nuestro conocimiento se despliega y buscamos que termine anidando como poso indeleble en nuestros discentes. Es lo que los expertos llaman: la educación formal.

Pero ése no es el único espacio. Sería erróneo pensar que estamos solos en nuestra labor educativa y que nuestro aula es el único lugar donde ese proceso de aprendizaje se puede producir. Los conceptos de enseñanza y aprendizaje en cualquier lugar y en cualquier momento, (traducción libre de “Theaching and learning everywhere, everytime”), son reales, están a nuestro alcance y tan sólo esperan a que estemos dispuestos a perder el miedo a ese caminar y a que demos cabida a su desarrollo consciente en nuestros alumnos. Esos momentos son considerados por los expertos: educación no formal.

Un proyecto como “Crea la banda sonora de tu vida”, bajo mi punto de vista, debe estar basado en esos dos principios educativos: enseñando y aprendiendo en cualquier lugar y en cualquier momento. Debe estar basado en la educación formal y la educación no formal. ¿Por qué no? El aula de música de nuestro centro de esa manera se ramifica, se amplía, se desdobla, se extiende a lo lardo de la geografía de la localidad donde viven nuestros alumnos y a lo largo de todas y cada una de las horas que puede tener un día.

Que los alumnos utilicen los dispositivos móviles no sólo en el aula, como instrumentos digitales, o como lectores de partituras, o como creadores de las mismas, si no que los usen en sus casas o cualquier otro lugar, abre posibilidades más que interesantes a su proceso de aprendizaje y nuevas expectativas de logro a nuestros objetivos. Educación no formal.

Que los alumnos puedan unirse en locales de ensayo o en sus propias casas para ensayar y preparar coreografías o partituras, o cualquier otra necesidad del proyecto que desde el centro estamos creando, nos hace multiplicar por “n” las posibilidades de avances y logros, tanto suyos como nuestros. Educación no formal.

Que existan alumnos con un mayor conocimiento que se conviertan en tutores de aquellos que necesitan apoyo, y que eso forme parte absolutamente normalizada de la vida educativa de nuestros centro, hace que se multiplique nuestro magisterio por cada uno de los alumnos que asisten a nuestras clases. No todos son hábiles en todo, y no todos son torpes en todo, por lo tanto ese roll de alumno-tutor cambiará dependiendo de la evolución de la materia y a la vez todos se sentirán responsables de la evolución del resto. Educación no formal.

Que un concierto en cualquier espacio también sea considerado un aula abierta. Cada vez que nuestros alumnos se suben a un escenario es tan importante o más que una de nuestras sesiones en el aula. No tengamos miedo a programar audiciones, son una verdadera bendición educativa. Educación no formal.

Que los alumnos terminen creando un grupo musical propio fuera del centro, sea del tipo de música que sea, es la mejor notica que nos pueden contar, pues su proceso educativo subirá como la espuma y nos servirá como modelo para los demás. Incluso da igual que sea con otros alumnos de nuestro centro o no. Lo verdaderamente importante, es que parte de su tiempo libre y de su espacio vital lo dedican, sin ser conscientes, a avanzar en nuestra materia. Educación no formal.

Que sea habitual involucrar en lo posible a las familias en casa para que puedan compartir con sus hijos el acto de tocar, o incluso que en un momento determinado de un concierto, los familiares puedan compartir el escenario con nuestros alumnos, creará lazos emocionales que será imposible romper y que harán que se recuerde ese momento durante toda la vida como algo absolutamente único. Tanto unos como otros, como nosotros mismos. Educación no formal.

No estamos solos, el aula es importantísima, pero no es el único espacio, ni el único momento. La educación formal es muy importante, pero no es la única. El manejo consciente y premeditado de la educación no formal, hace que nuestra labor se multiplique y que los objetivos se consigan en mucho menos tiempo y con mucho menos esfuerzos.

¿Cuántas de esas herramientas estamos utilizando de forma habitual y consciente?

¿Cuántas nos quedan aun por asumir?

¿Cuántas más podemos inventarnos?

¿Dónde están los límites del aula?

Los límites los ponemos nosotros, por lo tanto no nos limitemos, juguemos, toquemos y en ese tablero lleno de cuadros blancos y negros, incluyamos todas aquellas nuevas fichas que nos permitan crecer aun mejor.

Ánimo!!!